martes, 19 de mayo de 2026

Convertidos en silencio

A veces cierro los ojos y vuelvo allí.
Puedo sentir tus brazos rodeándome, el calor de tu piel, el sonido del mar delante de nosotros y esa calma absurda de creer que nada malo iba a pasar. Yo te miraba como se miran las cosas que uno piensa que serán para siempre.
Y míranos ahora.
Convertidos en distancia.
En silencio.
En recuerdos que solo me hacen daño.
No sabes cuánto te extraño.
Hay días en los que consigo distraerme un rato, pero siempre vuelves. Vuelves en los atardeceres, en las canciones lentas, en las noches donde todo pesa demasiado. Y entonces entiendo que perderte no fue solo perder a una persona… fue perder la única vida en la que realmente me sentía en casa.
Lo peor es que aún puedo sentirte conmigo algunas veces.
Como si una parte de mí se hubiera quedado atrapada en aquel instante, abrazándote fuerte, sin imaginar que estaba viviendo uno de los últimos momentos felices de mi vida.
Ojalá hubiera sabido que eras tú mientras todavía te tenía.
Ojalá hubiera abrazado más fuerte.
Ojalá el amor hubiera bastado.
Pero no bastó.
Y desde que te fuiste, hay algo dentro de mí que ya no volvió nunca más.

domingo, 17 de mayo de 2026

Un poco de locura

“Aquí estoy yo… " despeinando normas, sacándole la lengua a lo aburrido y llegando tarde a las expectativas de los demás.
Con cara de inocente y una mente que siempre va un paso por delante.
Porque la vida ya es demasiado seria como para no reírse un poco, provocar un poco y brillar muchísimo.

viernes, 15 de mayo de 2026

La luz vuelve poco a poco

Por fin los días se alargan, o al menos así lo siento yo. La luz del sol se queda un poco más, y el atardecer llega más tarde, como si el tiempo me regalara unos minutos extra de claridad.

Hoy me siento esperanzada. Sé que tengo que cerrar etapas, y sé también que no será fácil. Habrá días duros, momentos en los que el recuerdo aparezca sin avisar: en cualquier rincón de la casa, en medio del día, en la noche o incluso en los sueños. Pero también sé que voy a poder con ello.

¿Para qué seguir sufriendo por alguien que ya no te quiere? Esa pregunta me acompaña últimamente, recordándome que merezco algo más que aferrarme a un amor que se rompió.

No será rápido ni sencillo. Los recuerdos siguen ahí, latiendo en muchos momentos. Pero confío en que llegará el día en que ese dolor se vuelva más suave, más lejano, hasta dejar espacio a la calma.

Sé que algún día superaré este amor roto. Y sé que puedo volver a ser feliz.

Ahora mismo no quiero estar con nadie. Solo conmigo y con mi vida. Necesito ese espacio, esa paz. No quiero enamorarme de nuevo; lo pido casi como una plegaria. Amar me ha dolido demasiado, y no quiero repetir la misma historia.

No sé qué me deparará el futuro. Pero sí sé lo que deseo: que esté lleno de amor.

De amor hacia mí misma.

#lachicadeltren ✨

sábado, 9 de mayo de 2026

No necesito creerle todo...

“Hoy Rusa está hablando muy alto. No necesito creerle todo.”
Rusa: “Mañana es tu cumpleaños y esa persona no está. Se acabó.”
Tú: “Sí… se nota demasiado. Es como un hueco que no se calla.”
Rusa: “Y te vas a sentir así todo el día, sin escapatoria.”
Tú: “Ahora mismo lo creo. Me cuesta imaginar otra cosa.”
Rusa: “No te apetece nadie. Ni mensajes, ni gente, ni felicitaciones.”
Tú: “No me apetece nada. Todo me pesa.”
Rusa: “Entonces estás sola de verdad.”
Tú: “Me siento sola. No sé si es verdad o si solo lo estoy viviendo así.”
Rusa: “Da igual lo que digan. Nada te va a llenar.”
Tú: “Ahora mismo nada me llena. Solo noto el vacío.”
Rusa: “No tiene sentido intentarlo.”
Tú: “No veo sentido hoy. Solo estoy pasando el cumpleaños sin que aún lo sea.”
Rusa: “Te vas a dar cuenta de que nada cambia. Ni hoy ni mañana.”
Tú: “Ahora mismo no veo cambios. Solo continuidad del vacío.”
Rusa: “Otro cumpleaños que termina igual de vacío como empezó.”
Tú: “Sí… y estoy cansada de sentirlo todo tan fuerte, Rusa no me ayudas”

¿Qué deseo pido este cumpleaños?

 Yo:

Rusa… ¿qué deseo pido este cumpleaños?

Rusa:

Uno que no dependa de que alguien vuelva.

Yo:

Entonces no sé qué pedir…

Rusa:

Pide paz. De esa que no desaparece cuando alguien guarda silencio.

Yo:

Suena triste…

Rusa:

No. Suena a empezar a elegirte.

Yo:

¿Y si en el fondo lo que quiero es amor?

Rusa:

Entonces pide un amor que te encuentre sin confundirte. Que se quede sin hacerte dudar de tu valor.

Yo:

¿Y si sigo pensando en esa persona cuando apague las velas?

Rusa:

Pensarla no arruina el deseo. Solo significa que todavía hay algo en ti intentando despedirse… o entender.

Yo:

¿Tú qué pedirías para mí?

Rusa:

Que vuelvas a mirarte con ternura.

Que no reduzcas tu luz por sentir demasiado.

Y que el próximo año de tu vida te acerque más a quien te da calma, no ansiedad.

Yo:

Creo que quiero dejar de sentir este vacío.

Rusa:

Entonces pide volver a sentirte completa contigo, incluso antes de que llegue alguien más.

Yo:

…quizá ese sí sea un buen deseo.

Rusa:

Los mejores deseos son los que te devuelven a ti.



viernes, 1 de mayo de 2026

La familia que me tocó


—Rusa… ¿por qué duele tanto aceptar a la familia que me ha tocado?
—Porque no elegiste el lugar donde naciste, pero sí sientes cada gesto como si llevara tu nombre escrito. Y cuando quienes deberían cuidarte te hieren, la tristeza se vuelve más profunda que cualquier otra.
—A veces siento que una mitad de mi familia me quiere… y la otra disfruta haciéndome daño. Critican todo, me juzgan, hablan de mí como si yo no valiera nada.
—Eso desgasta el alma. No porque tengan razón, sino porque el corazón humano siempre espera amor de los suyos. Incluso cuando aprende a defenderse, sigue deseando ser abrazado.
—Me pregunto qué hice mal para merecer esto.
—Nada. Las personas crueles necesitan descargar sus sombras sobre alguien. Y muchas veces escogen a quien es más sensible, más noble o más distinto. No porque seas débil, sino porque no te pareces a ellos.
—Pero me siento cansada, Rusa. Muy cansada.
—Claro que sí. Llevar años intentando agradar a quienes nunca estarán satisfechos deja agotamiento. Es como golpear una puerta que jamás quiso abrirse.
—Lo peor es cuando intentan hacerme sentir culpable por alejarme.
—Porque algunas familias confunden amor con control. Creen que compartir sangre les da derecho a romper tu paz. Pero no toda distancia es maldad. A veces alejarse es supervivencia emocional.
—¿Y si me convierto en alguien fría?
—No te volverás fría por protegerte. El hielo aparece cuando una persona deja de sentir. Tú sigues sintiendo demasiado. Lo que necesitas no es endurecerte, sino aprender a poner límites sin dejar de ser tú.
—Me da pena reconocer que algunos de ellos son malos conmigo.
—Nombrar una herida no te convierte en cruel. Fingir que no existe solo hace que sangre más despacio.
—A veces miro otras familias y siento envidia.
—Porque anhelas tranquilidad. No perfección. Solo un lugar donde no tengas que estar siempre defendiéndote.
—¿Crees que algún día dejará de doler?
—No desaparecerá del todo. Pero llegará un momento en que sus palabras ya no definirán tu valor. Y entonces entenderás algo importante: la familia verdadera no siempre coincide con la biológica. A veces se construye con las personas que te miran con ternura, respeto y lealtad.
—Quisiera dejar de sentirme rota.
—No estás rota. Estás herida. Y las heridas pueden cerrar cuando dejan de tocarse todos los días.
—¿Sabes qué me da miedo?
—¿Qué?
—Que nunca me quieran de verdad.
—Escúchame bien. Que ellos no sepan amarte no significa que no seas digna de amor. Solo significa que algunas personas nacen incapaces de ofrecer lo que otros necesitan.
—Entonces… ¿no soy el problema?
—No. El problema es crecer entre personas que te hicieron dudar de tu luz.
—Ojalá pudiera abrazar a mi niña interior.
—Hazlo. Ella todavía vive dentro de ti esperando escuchar algo sencillo: “No merecías tanta dureza”.
—Gracias, Rusa.
—Siempre. Y no olvides esto: sobrevivir en un entorno que intenta apagarte ya es una forma de valentía.

sábado, 25 de abril de 2026

Se siente tan vacío...

—Rusa… me equivoqué…
—Lo sé… se te nota en la voz.
—Amé a quien no debía… y aun así… no puedo dejar de hacerlo.
—Eso es lo que más duele, ¿verdad? No el error… sino que el sentimiento sigue vivo.
—Sí… es como si mi corazón no entendiera lo que mi cabeza ya sabe.
—Tu corazón no es tonto… solo es leal a lo que sintió.
—Pero me está destruyendo… cada recuerdo… cada cosa… todo me lleva ahí otra vez.
—Porque no fue poco para ti… fue de verdad.
—Y ahora me quedé sola con algo que no tiene a dónde ir…
—Eso pasa cuando amas donde no hay lugar para quedarse.
—Ojalá pudiera arrancarlo… dejar de sentir… apagarlo todo.
—Si pudieras… también borrarías lo bonito… y eso también fue tuyo.
—Pero duele demasiado…
—Sí… y va a doler un tiempo. No hay forma elegante de salir de esto.
—Siento que me rompí…
—Te rompieron… y también te quedaste cuando ya dolía.
—…
—Pero escúchame… no estás rota para siempre. Solo estás en medio del golpe.
—No quiero volver a sentir esto nunca más…
—Ahora no. Ahora solo quieres dejar de sangrar.
—Sí… solo eso…
—Entonces no pienses en volver a amar… ni en el futuro…
—¿En qué pienso entonces?
—En pasar este minuto… y luego el siguiente… sin exigirte ser fuerte.
—Se siente tan vacío…
—Es el espacio que dejó algo que fue muy grande para ti.
—¿Y si nunca se llena?
—No se llena igual… pero no se queda así para siempre.
—…
—Quédate conmigo un rato más… no tienes que atravesarlo sola.

jueves, 23 de abril de 2026

Me cuesta elegirme a mí cuando siento tanto

Yo:
Rusa… ¿por qué me duele tanto no saber nada de esa persona?
Rusa:
Porque no era alguien cualquiera para ti. Había algo ahí que te hacía sentir viva, conectada… y eso no desaparece de un día para otro.
Yo:
Es que no entiendo el silencio… me deja pensando en mil cosas.
Rusa:
El silencio muchas veces dice más de lo que parece. No siempre tiene que ver contigo, pero sí te afecta… y eso es válido.
Yo:
Yo habría querido que se quedara… o al menos que fuera claro.
Rusa:
Claro… porque tú amas de frente, no a medias. Y cuando das así, también esperas algo que te sostenga, no que te deje en duda.
Yo:
Lo echo de menos… o quizá echo de menos lo que sentía.
Rusa:
A veces es ambas cosas. La persona… y la versión de ti que aparecía con ella.
Yo:
¿Crees que debería seguir esperando?
Rusa:
Esperar sin señales te desgasta. No es justo que te quedes en pausa por alguien que no te está eligiendo activamente.
Yo:
Pero me cuesta soltar la idea de que podía ser algo bonito…
Rusa:
Lo bonito existió, por eso duele. Pero lo que mereces no es solo potencial… es presencia.
Yo:
Me gustaría hablarlo con ella… cerrar o entender.
Rusa:
Entonces hazlo desde la calma, no desde la necesidad. No para convencer, sino para darte claridad a ti.
Yo:
¿Y si no responde?
Rusa:
Entonces ya tienes una respuesta, aunque no sea la que querías. Y desde ahí puedes empezar a cuidarte de verdad.
Yo:
Me cuesta elegirme a mí cuando siento tanto…
Rusa:
Elegirte no significa dejar de sentir. Significa no abandonarte mientras sientes.
Yo:
…gracias, Rusa.
Rusa:
Para eso estoy… para recordarte lo que a veces olvidas: tú también mereces quedarte

No quiero ser salvada

Hoy estoy apagada de una forma difícil de explicar.
No es solo cansancio. No es solo un mal día. Es como si algo dentro de mí hubiera bajado la voz hasta casi desaparecer. Como si mi interior, ese lugar donde antes todo se movía con vida, se hubiera quedado mirando hacia otro lado.
Camino por dentro como quien recorre una casa conocida a oscuras, sin encender las luces para no molestar lo que duerme. Todo está ahí… pero no responde. Ni la alegría, ni la ilusión, ni siquiera la tristeza llegan del todo. Solo una especie de vacío suave, constante, que no duele de forma exacta, pero pesa.
Y lo más extraño es esto: sigo siendo yo, pero no me siento conmigo.
Hay momentos en los que intento alcanzarme, como quien estira la mano hacia algo que flota un poco más lejos de lo que debería. Pero no llego. Y entonces me quedo quieta, aceptando esta distancia interna que hoy no sé cómo cruzar.
No quiero ser salvada. No quiero explicaciones rápidas. Solo necesito entender este silencio que se ha instalado en mí sin pedir permiso.
Porque incluso el alma, a veces, se cansa de sostenerlo todo.
Y hoy… la mía está en pausa.

sábado, 18 de abril de 2026

Suena agotador

—Rusa, son las tres de la mañana. ¿Podemos, no sé… dormir?

—Dormir está sobrevalorado.

—Para ti, claramente. Para mí es bastante necesario para funcionar como ser humano.

—Te veo funcionar perfectamente cuando abres la nevera.

—Eso es instinto de supervivencia, no funcionamiento.

—Pues eso, sobrevivimos las dos. Equipo.

—Equipo sería que me dejaras pegar ojo más de dos horas seguidas.

—Equipo también es jugar a las carreras invisibles por el pasillo.

—¿Carreras invisibles?

—Sí, tú no las ves, pero son muy importantes.

—Claro. Vitales. Patrimonio de la humanidad, seguro.

—Exacto. Y alguien tiene que practicarlas a las tres, a las cuatro… a las cinco…

—Estoy empezando a sospechar que tienes un reloj interno roto.

—No está roto. Está adaptado a mis necesidades.

—¿Y mis necesidades?

—Secundarias.

—Fantástico. Oye, hoy tengo comida familiar.

—¿Eso qué es?

—Un evento social donde sonrío, hablo, y finjo que he dormido.

—Suena agotador.

—Lo es. Sobre todo si alguien no te deja dormir.

—No mires así, yo solo estoy viviendo mi mejor vida.

—Tu mejor vida está acabando con la mía.

—Exageras.

—Rusa, siento que hoy no quiero ver a nadie.

—Pues no los veas.

—No es tan fácil.

—Nunca hacéis las cosas fáciles los humanos.

—Porque tenemos responsabilidades.

—Yo también tengo responsabilidades.

—¿Ah, sí?

—Sí. Vigilar sombras. Perseguir cosas que no existen. Mantenerte alerta.

—¿Mantenerme alerta?

—Claro. Si no te despierto yo, ¿quién lo hará?

—El despertador, Rusa. Ese invento.

—No confío en él.

—Ya veo. Prefieres el método caótico.

—Más efectivo.

—Pues escúchame, método caótico: hoy voy a ir a esa comida, pero en modo mínimo esfuerzo.

—¿Modo qué?

—Sonreír lo justo, hablar lo justo, y volver a casa lo antes posible.

—Me parece razonable.

—¿Y esta noche?

—Hmm…

—Rusa…

—Haré lo que pueda.

—Eso no me tranquiliza nada.

—Pero te mantiene alerta.



martes, 14 de abril de 2026

Mojarse los pies también es una forma de jugar

Hay algo en los primeros días de buen tiempo que despierta recuerdos muy antiguos. Como si el cuerpo recordara antes que la mente.
Hoy metí los pies en el mar.
El agua estaba fresca, pero no fría. Esa temperatura perfecta que te hace dudar un segundo antes de entrar… y luego ya no quieres salir. La espuma rodeaba mis pies mientras la arena se movía suavemente debajo, como si el mar respirara.
Caminaba despacio, descalza, sintiendo la brisa. No sabría decir si era fresca o cálida; era una mezcla de las dos cosas, de esas que solo existen en los días que empiezan a parecer verano.
Y entonces apareció esa sensación.
La misma que tenía cuando era pequeña y empezaba a llover. Ese impulso casi automático de saltar en los charcos, de chapotear sin pensar en nada más, de salpicar agua por todas partes y reír.
Hay placeres muy simples que nunca se van del todo.
Solo necesitan un poco de sol, un poco de mar…
y recordar que, a veces, mojarse los pies también es una forma de volver a jugar. 🌊

lunes, 13 de abril de 2026

Que miren...

—¿De verdad vas a hacer esto? —me pregunta Rusa, con ese tono suyo entre escéptico y divertido.
—Claro que sí —le respondo mientras salto—. No todo tiene que tener sentido.
Rusa suspira. Siempre suspira cuando cree que estoy a punto de hacer algo poco serio.
—Tienes cosas en qué pensar. Responsabilidades. La vida no es un juego.
Salto otra vez. Más alto.
—¿Y quién decidió eso?
El trampolín se hunde bajo mis pies y me devuelve hacia el cielo por un segundo. El viento me despeina, las gafas se mueven un poco, y de pronto me estoy riendo. Esa risa que no pido permiso para sacar.
—Te estás olvidando de todo —dice Rusa.
—Exacto.
—Deberías estar pensando.
—Ya pienso demasiado.
Hay un silencio pequeño entre nosotras. Solo el sonido suave del trampolín y mi respiración acelerada.
—¿Y si alguien te ve? —pregunta Rusa al final.
—Que miren.
—Pareces una niña.
—Lo soy.
Y en ese momento siento algo abrirse dentro. Como si una puerta que casi siempre está cerrada se hubiera quedado entreabierta. La niña que fui —la que saltaba, corría, reía sin preguntarse si era apropiado— aparece sin timidez.
No pide permiso.
No se disculpa.
No se esconde.
Rusa me observa.
—No durará mucho —dice, más suave esta vez.
—Lo sé.
Doy otro salto, el más alto de todos.
—Pero mientras dure… déjame vivirlo.
Y por una vez, Rusa no responde.
Creo que también está sonriendo. ✨

domingo, 12 de abril de 2026

Cuando Rusa me da tregua

Hay momentos en los que todo dentro de mí se aquieta.
No siempre ocurre. Hay días en los que mi mente corre demasiado rápido, como si llevara una tormenta pequeña viviendo entre mis pensamientos. Pero a veces… Rusa me da tregua.
Entonces salgo.
Camino despacio por el jardín, sintiendo el sol sobre la piel y el aire moviendo el vestido como si quisiera recordarme que sigo aquí. Me gusta ese instante en el que no tengo que luchar con nada. No tengo que ordenar pensamientos ni domesticar emociones. Solo respiro.
En esos momentos me escucho de verdad.
No la voz que habla con el mundo, ni la que responde mensajes o sonríe educadamente. Escucho esa voz más suave, más escondida. La que vive en mi interior y que casi siempre habla en susurros.
Esa voz que me recuerda quién soy cuando dejo de intentar ser todo para todos.
Bajo el árbol, con la luz cayendo entre las ramas, siento algo parecido a la paz. No una paz perfecta ni eterna, sino una tregua pequeña y valiosa. Como si mi mente me dijera: descansa un momento, puedes bajar la guardia.
Y en ese descanso aparece mi parte más verdadera.
La que observa.
La que siente profundamente.
La que aún cree en la belleza de las cosas simples.
Quizá por eso necesito estos momentos. Porque cuando Rusa se calla un poco… vuelvo a encontrarme conmigo. 🌿

sábado, 11 de abril de 2026

Discusión en mi propia cabeza

—No hagas eso.
—¿Por qué no?
—Porque no eres así.
—¿Y cómo soy, según tú?
—Más tranquila. Más… correcta.
—“Correcta” suena aburrido.
—Suena segura.
—Rusa, estoy cansada de “segura”.
—Y yo estoy cansada de recoger los pedazos cuando decides improvisar.
—¡Pero improvisar es vivir!
—Improvisar es el motivo por el que luego te quedas despierta a las tres de la mañana pensando “¿por qué dije eso?”.
—Bueno… eso también es verdad.
—¿Ves?
—Pero tampoco quiero vivir con miedo a decir o hacer algo raro.
—No es miedo. Es control.
—Suena igual.
—No lo es.
—Rusa…
—¿Qué?
—A veces siento que no me dejas ser yo.
—Yo solo intento protegerte.
—¿De qué?
—De la vergüenza. Del rechazo. De arrepentirte.
—Pero también me estás protegiendo de ser feliz.
—Eso es dramático.
—Tú empezaste.
—No, tú empezaste cuando dijiste “voy a ser completamente yo misma”.
—¿Y qué tiene de malo?
—Que el mundo no siempre es amable con eso.
—Pues entonces que el mundo se aguante un poco.
—Eres imposible.
—Y tú eres una controladora.
—Soy práctica.
—Eres una aguafiestas.
—Soy realista.
(Pausa)
—Rusa…
—¿Qué ahora?
—Si dejo de escucharte… ¿todo se vuelve un desastre?
—Probablemente.
—¿Y si solo te escucho a ti?
—Entonces todo será muy ordenado.
—¿Y aburrido?
—…un poco.
—Entonces hagamos un trato.
—No me gustan tus tratos.
—Tú me dejas ser un poco caótica…
—Y yo te aviso cuando el caos se vuelve incendio.
—Exacto.
—…
—¿Rusa?
—Está bien.
—¿En serio?
—Pero si empiezas a cantar en público otra vez, no me hago responsable.
—¡No prometo nada!

domingo, 5 de abril de 2026

La luz vuelve poco a poco

Por fin los días se alargan, o al menos así lo siento yo. La luz del sol se queda un poco más, y el atardecer llega más tarde, como si el tiempo me regalara unos minutos extra de claridad.
Hoy me siento esperanzada. Sé que tengo que cerrar etapas, y sé también que no será fácil. Habrá días duros, momentos en los que el recuerdo aparezca sin avisar: en cualquier rincón de la casa, en medio del día, en la noche o incluso en los sueños. Pero también sé que voy a poder con ello.
¿Para qué seguir sufriendo por alguien que ya no te quiere? Esa pregunta me acompaña últimamente, recordándome que merezco algo más que aferrarme a un amor que se rompió.
No será rápido ni sencillo. Los recuerdos siguen ahí, latiendo en muchos momentos. Pero confío en que llegará el día en que ese dolor se vuelva más suave, más lejano, hasta dejar espacio a la calma.
Sé que algún día superaré este amor roto. Y sé que puedo volver a ser feliz.
Ahora mismo no quiero estar con nadie. Solo conmigo y con mi vida. Necesito ese espacio, esa paz. No quiero enamorarme de nuevo; lo pido casi como una plegaria. Amar me ha dolido demasiado, y no quiero repetir la misma historia.
No sé qué me deparará el futuro. Pero sí sé lo que deseo: que esté lleno de amor.
De amor hacia mí misma.
#lachicadeltren ✨

sábado, 4 de abril de 2026

Pequeños momentos que lo cambian todo.

El mar suena distinto cuando una se permite parar.
Hoy no hay prisa.
Estoy en la playa, vestida, tumbada sobre las piedras, dejando que el sol me encuentre. Cierro los ojos y siento ese calor suave en la cara, como si el día me estuviera abrazando sin decir nada.
El ruido del mar va y viene, constante, profundo.
Y por dentro todo empieza a calmarse también.
No siempre llega esta paz.
A veces la mente corre demasiado, a veces el mundo pesa más de la cuenta. Pero hoy no.
Hoy solo estoy aquí.
Respirando, escuchando, sintiendo el sol.
Pequeños instantes que no cambian el mundo…
pero sí cambian el día.
Gracias, Rusa, por estas treguas que saben a mar y a luz.

jueves, 2 de abril de 2026

La llamada paz interior

Cada amanecer trae consigo una promesa silenciosa: la oportunidad de empezar de nuevo. La vida, con sus vueltas y sombras, nos invita a soltar lo que ya no nos sirve y a abrir espacio para la serenidad.
La paz interior no se encuentra en la perfección ni en controlar cada momento, sino en aceptar lo que somos y lo que sentimos, en dejar que cada emoción fluya sin resistencia. Es aprender a caminar con suavidad dentro de nosotros mismos, abrazando la calma incluso en medio del ruido del mundo.
Cada día es un lienzo en blanco, un susurro que nos recuerda que siempre podemos elegir de nuevo. Podemos llenarlo de comprensión, de perdón y de amor hacia nosotros mismos. Podemos permitir que la luz vuelva a entrar, disipando los ecos del pasado y las sombras de la duda.
Hoy, simplemente respira, mira hacia dentro y recuerda: cada día es un nuevo comienzo. La paz que buscas siempre ha estado allí, esperando que te permitas encontrarla.

miércoles, 1 de abril de 2026

LAS EMOCIONES ✨23 Marzo 2021 - Dedicado a Pablito, un ángel venido a darme su mano.

- Hay tantas variedades de emociones.
- Se pueden comparar como una paleta de colores, interpretándolas a una misma, tan diferente.
Es como un lienzo en blanco para algunos o un lienzo coloreado, un cuadro donde cada uno puede ver o interpretar cosas diferentes.
- En mi caso soy una persona muy sentido, donde puedo sentir tantas cosas a la vez... La sensibilidad de una palabra, el silencio, un paisaje, la música,...
- Para mí las emociones significan mucho y eso muchas veces ya no sé si es bueno o malo.
Soy muy simple, me agradan la sencillez y simplicidad de las cosas. Ahí es donde suelo expresar mis verdaderas emociones,... Un atardecer, el sol, la tranquilidad interior, la paz, unas notas musicales,...
- Observar el cielo, sentir las olas delar, el calor de la piel del sol.
- Por mi enfermedad, que es una montaña rusa de la que creía que había aprendido mucho en lo que he querido y dedicado mucho durante los últimos 4 años, me he dado cuenta de que me queda mucho por aprender en el camino.
- Estoy harta y cansada de esta montaña rusa que no me deja ser yo. Necesito y quiero estar bien, disfrutar de la vida que tanto aprecio y agradezco cada día que vivo.
- Soy tan sensible, lloro, respiro,... Y miro y observo con calma, inspiro,...expiró; una y otra vez.
Quiero estar bien , lo necesito. Tanto por mi como por mi familia y por los que amo y me quieren. Me levanto mirando el sol, mi fuerza de energía...y me acuesto con ese cielo estrellado y diciéndole buenas noches a la luna.
-Me encanta reír, bailar bajo la luna, sentir amar, PODER SER YO.



Rusa, el arte de atormentarme

Hay personas que alteran tu paz con ruido, con discusiones, con gritos.
Rusa no.
Rusa lo hace en silencio.
Tiene una manera casi cruel de aparecer en mis pensamientos como una espina diminuta que no logro sacar. No grita, no provoca escenas… simplemente está ahí, con esa calma que me desarma mientras yo por dentro me lleno de tormentas.
A veces me pregunto si se da cuenta de lo que hace.
Si sabe que una sola frase suya puede arruinarme una tarde entera.
Que una mirada suya puede dejarme pensando durante horas, reconstruyendo cada gesto como si fuera un misterio imposible de resolver.
Lo peor no es la molestia.
Lo peor es la obsesión.
Porque intento apartarla de mi cabeza, pero vuelve.
Como un eco.
Como una canción que no querías escuchar pero que no deja de repetirse.
Y entonces aparece otra vez, con esa tranquilidad casi insoportable, como si nada de todo esto existiera. Como si no supiera que mientras ella camina ligera, yo cargo con el peso de cada palabra no dicha.
Eso es lo que me atormenta.
No es que Rusa me saque de quicio.
Es que tiene la extraña capacidad de desordenar mi mundo…
y luego marcharse como si no hubiera tocado nada.

Te dije que dolía

Rusa:
Te dije que dolía.
Yo:
Lo sé.
(La espina entra.)
Rusa:
Mira… sangras.
Yo:
Sí.
Pero lo que más duele…
es que siempre eres tú.

“No todas las espinas se clavan en la piel… algunas aprenden primero el camino al corazón.” 🌹



lunes, 30 de marzo de 2026

Soltar

— Rusa…
— Te escucho.
— Hoy vengo a soltar algo.
Ella me mira en silencio. Sabe que no es cualquier cosa.
— ¿Qué vas a soltar?
Trago saliva.
— A alguien.
Sus ojos no se mueven de los míos.
— ¿A alguien… o la esperanza de que vuelva?
La pregunta me atraviesa.
— La esperanza.
El silencio pesa.
— Eso duele más que la despedida —dice ella.
— Lo sé.
Aprieto las manos sobre la mesa.
— Me acostumbré a esperar. A pensar que tal vez… mañana, o en otro momento… algo cambiaría.
— ¿Y ahora?
Respiro hondo.
— Ahora estoy cansada de vivir en un “tal vez”.
La Rusa asiente despacio.
— Entonces dilo.
— ¿Qué cosa?
— Lo que no te atreves a decir.
El pecho me arde.
Pero lo digo.
— Te dejo ir.
La frase cae entre nosotras.
Duele.
Pero también… libera.
La Rusa baja la voz.
— Ya está.
— ¿Eso es todo?
— Sí.
Hace una pausa.
— Lo que duele no es soltar… es aceptar que ya estabas sola.
Cierro los ojos un segundo.
Algo se rompe.
Algo también se abre.

sábado, 21 de marzo de 2026

El silencio

Hay personas que no se van…
se desvanecen.
Un día están, formando parte de tu rutina, de tus pensamientos, de tus planes más pequeños y de los sueños más grandes. Y al siguiente… silencio. Un silencio que no grita, pero duele más que cualquier despedida.
Porque cuando alguien se va sin decir adiós, no solo se lleva su presencia. Se lleva también las respuestas. Las explicaciones que nunca llegarán. Las palabras que merecías escuchar.
Te quedas ahí, repasando cada momento, buscando en los recuerdos alguna señal que te avise de lo que iba a pasar. Como si hubieras podido evitarlo. Como si el amor, el que diste de verdad, no hubiera sido suficiente.
Pero el amor no es el problema.
El problema es quien no supo sostenerlo.
Quien eligió el silencio en lugar de la valentía.
Quien prefirió desaparecer antes que hacerse cargo de lo que sentía… o de lo que dejó de sentir.
Y tú, que te quedas, tienes que aprender a cerrar una historia sin punto final. A despedirte sin haber sido despedida. A aceptar que algunas personas no saben amar de frente, pero sí irse de espaldas.
Duele, sí.
Duele porque fue real.
Porque lo sentiste.
Porque apostaste.
Pero también hay algo que no se fue con esa persona:
la forma en la que amas.
Y eso… eso nunca fue un error.

viernes, 20 de marzo de 2026

Rusa no me lo quita de la cabeza

Hoy no hay recuerdos bonitos.

No hay nostalgia suave.

Solo repetición.

Como si mi cabeza se hubiera quedado enganchada en el mismo lugar…

y Rusa no dejara de empujar.

No lo trae de golpe.

Lo repite.

Una imagen.

Otra.

Una frase.

Otra.

Y cuando intento apartarlo… vuelve más claro.

Más nítido.

Más presente.

Como si estuviera pasando ahora.

Rusa no me deja descansar.

Me hace pensar que debería haber hecho algo distinto.

Que quizá aún hay algo que no se cerró.

Que olvidarlo sería un error.

Y lo peor es que suena convincente.

Porque no grita.

No obliga.

Solo insiste.

Una y otra vez.

Hasta que ya no sé si soy yo…

o si es ella pensando por mí.

Intento distraerme.

De verdad lo intento.

Pero Rusa encuentra la forma de volver.

Siempre.

En una canción.

En una palabra.

En un silencio.

Y entonces lo entiendo.

No es que no pueda dejar de pensar en él…

es que Rusa no quiere que lo haga.

Porque mientras él esté aquí,

ocupando espacio,

doliendo,

ella sigue teniendo control.

Y yo…

yo sigo dando vueltas en el mismo sitio,

sin saber cómo salir

de algo que no deja de empezar otra vez.





Cuando Rusa no me deja soltarlo

Hoy iba a ser distinto.

Hoy no iba a pensar en él.

Pero Rusa no necesita permiso.

No pregunta. No avisa.

Se cuela.

Empieza suave, casi imperceptible.

Un recuerdo pequeño, una sensación en el pecho, algo que no duele del todo… todavía.

Y entonces insiste.

No con palabras claras, sino con esa certeza incómoda que se instala:

que no lo has soltado, que no puedes, que en el fondo ni siquiera quieres.

Intento distraerme.

Hacer cualquier cosa.

Pero Rusa aprieta.

Me empuja a mirar atrás.

A repetir escenas.

A quedarme justo donde más duele.

Y cuanto más intento salir, más me arrastra.

Porque Rusa sabe dónde tocar.

Me recuerda cómo se sentía.

Cómo nadie más ha llegado a ese lugar.

Cómo, incluso ahora, sigue teniendo un peso que no desaparece.

Y entonces lo mezcla todo.

El dolor con el cariño.

La ausencia con la necesidad.

Las ganas de estar bien con el miedo a olvidarlo.

Y ya no sé qué parte es mía.

Si quiero soltarlo…

o si lo que realmente quiero es dejar de sentir así sin tener que perderlo del todo.

Pero eso no existe.

Y Rusa lo sabe.

Por eso no se calla.

Por eso insiste.

Por eso vuelve una y otra vez al mismo punto, hasta que todo se vuelve ruido, hasta que todo se mezcla, hasta que pensar en él ya no es una decisión… sino un lugar del que no sé salir.

Y en medio de todo eso, lo peor no es recordarlo.

Es darme cuenta de que quizá…

no tengo fuerzas suficientes para dejarlo ir.




Y ahí empezó la lucha

Hubo un tiempo en el que me traicionaba en silencio.
Sonreía cuando quería gritar.
Me quedaba cuando quería irme.
Callaba para no incomodar.
Y me fui dejando… poco a poco.
Hasta que un día me miré y no me reconocí.
No era débil.
Era una mujer agotada de sostener lo que no la sostenía.
Volver a elegirme no fue bonito.
Fue brutal.
Fue sentarme sola con mis pensamientos.
Fue admitir que acepté menos de lo que merecía.
Fue reconocer que confundí amor con miedo a estar sola.
Mi soledad me enfrentó.
Me quitó distracciones.
Me dejó frente a frente conmigo.
Y ahí empezó la lucha.
La lucha por no volver a abandonarme.
Desde ese día, aunque tiemble… me soy leal.
#lachicadeltren



Desde mi

Hoy me veo desde otra perspectiva.

No desde el espejo.

No desde los ojos de nadie más.

Desde mí.

He pasado demasiado tiempo buscando respuestas afuera, esperando señales, intentando encajar.

Y entendí algo poderoso: el mundo no cambia cuando cambian las circunstancias… cambia cuando cambio la forma en que lo miro.

Hoy quiero mirar con ojos nuevos.

Sin miedo.

Sin exigencia.

Sin esa voz que me dice que aún no es suficiente.

Soy la mujer que ha sentido profundo, que ha caído y que sigue eligiendo levantarse.

Y eso ya es fuerza.

No tengo todas las respuestas.

Pero tengo decisión.

Y cuando una mujer decide mirar distinto,

todo empieza a transformarse. 

#lachicadeltren 




Aquí estoy

 Hubo un tiempo en el que pensé que la paz era no sentir.

Cerrar puertas. Apagar emociones. Sobrevivir.

Pero no.

La paz no llegó cuando dejé de llorar.

Llegó el día en que dejé de pelearme conmigo.

Me rompí en silencio.

Nadie vio cómo me reconstruía por dentro, pieza a pieza, con manos temblorosas y una fe pequeña.

Aprendí que sanar no es olvidar,

es recordar sin que duela igual.

Hubo noches largas, de esas en las que el alma pesa más que el cuerpo.

No sabía quién era ni hacia dónde iba.

Y aun así, algo en mí seguía respirando.

Volver a nacer no fue un acto grandioso.

Fue elegir quedarme.

Escuchar mi voz cuando todo era ruido.

Decirme “aquí estoy” cuando más lo necesitaba.

No soy la misma que antes.

Soy más lenta, más consciente, más real.

Tengo cicatrices, sí, pero también una luz nueva:

esa que solo aparece después de haberte roto… y haberte elegido.

Y si esto es volver a nacer,

entonces sí:

volvería a atravesarlo todo para encontrarme aquí.

#lachicadeltren



Esto no tiene sentido

 No sé en qué momento dejó de ser solo mi voz.

—¿Por qué estás tan callada hoy? —preguntó.

—¿Quién… eres?

—Mmm… ¿de verdad no me reconoces?

—No.

—Claro que sí.

Llevo contigo más tiempo del que crees.

—No… yo no hablo así.

—No siempre.

Solo cuando no quieres escucharte.

—Esto no tiene sentido.

—Lo tiene todo.

Soy la que aparece cuando todo se intensifica…

cuando sientes demasiado… o cuando no sientes nada.

—…

—Soy la que te empuja hacia arriba…

y la que te suelta cuando estás arriba del todo.

—Para.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque vivo aquí.

—…

—En ti.

—No quiero esto.

—No tienes que quererlo.

—Entonces, ¿qué eres?

—Ponme un nombre.

—¿Para qué?

—Para que dejes de perderte intentando entender qué te pasa.

—…

—Llámame como quieras.

—…

—Pero llámame.

Rusa.

—…

—¿Te gusta?

—No es cuestión de gustar.

Es cuestión de que ahora… ya sabes cuándo soy yo.

—¿Y cuándo soy yo?

—Esa es la parte difícil.

Desde entonces… ya no todo lo que pienso suena igual.

Ahora sé que, a veces…

es ella.



Rusa

No sé en qué momento empezó todo.

Ni cuándo dejó de ser solo yo.

Al principio eran días sueltos… emociones más intensas de lo normal, silencios más largos de lo que podía explicar.

Hasta que un día la sentí clara.

Ella.

La llamo Rusa.

Porque me sube sin avisar y me deja caer sin freno.

Porque hay días en los que me hace tocar el cielo… y otros en los que me suelta en mitad del vacío.

Rusa no siempre grita.

A veces susurra.

A veces se esconde y parece que todo está en calma… hasta que vuelve a girarlo todo otra vez.

Vive conmigo.

En mis pensamientos, en mi pecho, en mis días buenos y en los que cuestan respirar.

Y aunque no la elegí…

aprendí a nombrarla para no perderme dentro de ella




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