sábado, 25 de abril de 2026

Se siente tan vacío...

—Rusa… me equivoqué…
—Lo sé… se te nota en la voz.
—Amé a quien no debía… y aun así… no puedo dejar de hacerlo.
—Eso es lo que más duele, ¿verdad? No el error… sino que el sentimiento sigue vivo.
—Sí… es como si mi corazón no entendiera lo que mi cabeza ya sabe.
—Tu corazón no es tonto… solo es leal a lo que sintió.
—Pero me está destruyendo… cada recuerdo… cada cosa… todo me lleva ahí otra vez.
—Porque no fue poco para ti… fue de verdad.
—Y ahora me quedé sola con algo que no tiene a dónde ir…
—Eso pasa cuando amas donde no hay lugar para quedarse.
—Ojalá pudiera arrancarlo… dejar de sentir… apagarlo todo.
—Si pudieras… también borrarías lo bonito… y eso también fue tuyo.
—Pero duele demasiado…
—Sí… y va a doler un tiempo. No hay forma elegante de salir de esto.
—Siento que me rompí…
—Te rompieron… y también te quedaste cuando ya dolía.
—…
—Pero escúchame… no estás rota para siempre. Solo estás en medio del golpe.
—No quiero volver a sentir esto nunca más…
—Ahora no. Ahora solo quieres dejar de sangrar.
—Sí… solo eso…
—Entonces no pienses en volver a amar… ni en el futuro…
—¿En qué pienso entonces?
—En pasar este minuto… y luego el siguiente… sin exigirte ser fuerte.
—Se siente tan vacío…
—Es el espacio que dejó algo que fue muy grande para ti.
—¿Y si nunca se llena?
—No se llena igual… pero no se queda así para siempre.
—…
—Quédate conmigo un rato más… no tienes que atravesarlo sola.

jueves, 23 de abril de 2026

Me cuesta elegirme a mí cuando siento tanto

Yo:
Rusa… ¿por qué me duele tanto no saber nada de esa persona?
Rusa:
Porque no era alguien cualquiera para ti. Había algo ahí que te hacía sentir viva, conectada… y eso no desaparece de un día para otro.
Yo:
Es que no entiendo el silencio… me deja pensando en mil cosas.
Rusa:
El silencio muchas veces dice más de lo que parece. No siempre tiene que ver contigo, pero sí te afecta… y eso es válido.
Yo:
Yo habría querido que se quedara… o al menos que fuera claro.
Rusa:
Claro… porque tú amas de frente, no a medias. Y cuando das así, también esperas algo que te sostenga, no que te deje en duda.
Yo:
Lo echo de menos… o quizá echo de menos lo que sentía.
Rusa:
A veces es ambas cosas. La persona… y la versión de ti que aparecía con ella.
Yo:
¿Crees que debería seguir esperando?
Rusa:
Esperar sin señales te desgasta. No es justo que te quedes en pausa por alguien que no te está eligiendo activamente.
Yo:
Pero me cuesta soltar la idea de que podía ser algo bonito…
Rusa:
Lo bonito existió, por eso duele. Pero lo que mereces no es solo potencial… es presencia.
Yo:
Me gustaría hablarlo con ella… cerrar o entender.
Rusa:
Entonces hazlo desde la calma, no desde la necesidad. No para convencer, sino para darte claridad a ti.
Yo:
¿Y si no responde?
Rusa:
Entonces ya tienes una respuesta, aunque no sea la que querías. Y desde ahí puedes empezar a cuidarte de verdad.
Yo:
Me cuesta elegirme a mí cuando siento tanto…
Rusa:
Elegirte no significa dejar de sentir. Significa no abandonarte mientras sientes.
Yo:
…gracias, Rusa.
Rusa:
Para eso estoy… para recordarte lo que a veces olvidas: tú también mereces quedarte

No quiero ser salvada

Hoy estoy apagada de una forma difícil de explicar.
No es solo cansancio. No es solo un mal día. Es como si algo dentro de mí hubiera bajado la voz hasta casi desaparecer. Como si mi interior, ese lugar donde antes todo se movía con vida, se hubiera quedado mirando hacia otro lado.
Camino por dentro como quien recorre una casa conocida a oscuras, sin encender las luces para no molestar lo que duerme. Todo está ahí… pero no responde. Ni la alegría, ni la ilusión, ni siquiera la tristeza llegan del todo. Solo una especie de vacío suave, constante, que no duele de forma exacta, pero pesa.
Y lo más extraño es esto: sigo siendo yo, pero no me siento conmigo.
Hay momentos en los que intento alcanzarme, como quien estira la mano hacia algo que flota un poco más lejos de lo que debería. Pero no llego. Y entonces me quedo quieta, aceptando esta distancia interna que hoy no sé cómo cruzar.
No quiero ser salvada. No quiero explicaciones rápidas. Solo necesito entender este silencio que se ha instalado en mí sin pedir permiso.
Porque incluso el alma, a veces, se cansa de sostenerlo todo.
Y hoy… la mía está en pausa.

sábado, 18 de abril de 2026

Suena agotador

—Rusa, son las tres de la mañana. ¿Podemos, no sé… dormir?

—Dormir está sobrevalorado.

—Para ti, claramente. Para mí es bastante necesario para funcionar como ser humano.

—Te veo funcionar perfectamente cuando abres la nevera.

—Eso es instinto de supervivencia, no funcionamiento.

—Pues eso, sobrevivimos las dos. Equipo.

—Equipo sería que me dejaras pegar ojo más de dos horas seguidas.

—Equipo también es jugar a las carreras invisibles por el pasillo.

—¿Carreras invisibles?

—Sí, tú no las ves, pero son muy importantes.

—Claro. Vitales. Patrimonio de la humanidad, seguro.

—Exacto. Y alguien tiene que practicarlas a las tres, a las cuatro… a las cinco…

—Estoy empezando a sospechar que tienes un reloj interno roto.

—No está roto. Está adaptado a mis necesidades.

—¿Y mis necesidades?

—Secundarias.

—Fantástico. Oye, hoy tengo comida familiar.

—¿Eso qué es?

—Un evento social donde sonrío, hablo, y finjo que he dormido.

—Suena agotador.

—Lo es. Sobre todo si alguien no te deja dormir.

—No mires así, yo solo estoy viviendo mi mejor vida.

—Tu mejor vida está acabando con la mía.

—Exageras.

—Rusa, siento que hoy no quiero ver a nadie.

—Pues no los veas.

—No es tan fácil.

—Nunca hacéis las cosas fáciles los humanos.

—Porque tenemos responsabilidades.

—Yo también tengo responsabilidades.

—¿Ah, sí?

—Sí. Vigilar sombras. Perseguir cosas que no existen. Mantenerte alerta.

—¿Mantenerme alerta?

—Claro. Si no te despierto yo, ¿quién lo hará?

—El despertador, Rusa. Ese invento.

—No confío en él.

—Ya veo. Prefieres el método caótico.

—Más efectivo.

—Pues escúchame, método caótico: hoy voy a ir a esa comida, pero en modo mínimo esfuerzo.

—¿Modo qué?

—Sonreír lo justo, hablar lo justo, y volver a casa lo antes posible.

—Me parece razonable.

—¿Y esta noche?

—Hmm…

—Rusa…

—Haré lo que pueda.

—Eso no me tranquiliza nada.

—Pero te mantiene alerta.



martes, 14 de abril de 2026

Mojarse los pies también es una forma de jugar

Hay algo en los primeros días de buen tiempo que despierta recuerdos muy antiguos. Como si el cuerpo recordara antes que la mente.
Hoy metí los pies en el mar.
El agua estaba fresca, pero no fría. Esa temperatura perfecta que te hace dudar un segundo antes de entrar… y luego ya no quieres salir. La espuma rodeaba mis pies mientras la arena se movía suavemente debajo, como si el mar respirara.
Caminaba despacio, descalza, sintiendo la brisa. No sabría decir si era fresca o cálida; era una mezcla de las dos cosas, de esas que solo existen en los días que empiezan a parecer verano.
Y entonces apareció esa sensación.
La misma que tenía cuando era pequeña y empezaba a llover. Ese impulso casi automático de saltar en los charcos, de chapotear sin pensar en nada más, de salpicar agua por todas partes y reír.
Hay placeres muy simples que nunca se van del todo.
Solo necesitan un poco de sol, un poco de mar…
y recordar que, a veces, mojarse los pies también es una forma de volver a jugar. 🌊

lunes, 13 de abril de 2026

Que miren...

—¿De verdad vas a hacer esto? —me pregunta Rusa, con ese tono suyo entre escéptico y divertido.
—Claro que sí —le respondo mientras salto—. No todo tiene que tener sentido.
Rusa suspira. Siempre suspira cuando cree que estoy a punto de hacer algo poco serio.
—Tienes cosas en qué pensar. Responsabilidades. La vida no es un juego.
Salto otra vez. Más alto.
—¿Y quién decidió eso?
El trampolín se hunde bajo mis pies y me devuelve hacia el cielo por un segundo. El viento me despeina, las gafas se mueven un poco, y de pronto me estoy riendo. Esa risa que no pido permiso para sacar.
—Te estás olvidando de todo —dice Rusa.
—Exacto.
—Deberías estar pensando.
—Ya pienso demasiado.
Hay un silencio pequeño entre nosotras. Solo el sonido suave del trampolín y mi respiración acelerada.
—¿Y si alguien te ve? —pregunta Rusa al final.
—Que miren.
—Pareces una niña.
—Lo soy.
Y en ese momento siento algo abrirse dentro. Como si una puerta que casi siempre está cerrada se hubiera quedado entreabierta. La niña que fui —la que saltaba, corría, reía sin preguntarse si era apropiado— aparece sin timidez.
No pide permiso.
No se disculpa.
No se esconde.
Rusa me observa.
—No durará mucho —dice, más suave esta vez.
—Lo sé.
Doy otro salto, el más alto de todos.
—Pero mientras dure… déjame vivirlo.
Y por una vez, Rusa no responde.
Creo que también está sonriendo. ✨

domingo, 12 de abril de 2026

Cuando Rusa me da tregua

Hay momentos en los que todo dentro de mí se aquieta.
No siempre ocurre. Hay días en los que mi mente corre demasiado rápido, como si llevara una tormenta pequeña viviendo entre mis pensamientos. Pero a veces… Rusa me da tregua.
Entonces salgo.
Camino despacio por el jardín, sintiendo el sol sobre la piel y el aire moviendo el vestido como si quisiera recordarme que sigo aquí. Me gusta ese instante en el que no tengo que luchar con nada. No tengo que ordenar pensamientos ni domesticar emociones. Solo respiro.
En esos momentos me escucho de verdad.
No la voz que habla con el mundo, ni la que responde mensajes o sonríe educadamente. Escucho esa voz más suave, más escondida. La que vive en mi interior y que casi siempre habla en susurros.
Esa voz que me recuerda quién soy cuando dejo de intentar ser todo para todos.
Bajo el árbol, con la luz cayendo entre las ramas, siento algo parecido a la paz. No una paz perfecta ni eterna, sino una tregua pequeña y valiosa. Como si mi mente me dijera: descansa un momento, puedes bajar la guardia.
Y en ese descanso aparece mi parte más verdadera.
La que observa.
La que siente profundamente.
La que aún cree en la belleza de las cosas simples.
Quizá por eso necesito estos momentos. Porque cuando Rusa se calla un poco… vuelvo a encontrarme conmigo. 🌿

sábado, 11 de abril de 2026

Discusión en mi propia cabeza

—No hagas eso.
—¿Por qué no?
—Porque no eres así.
—¿Y cómo soy, según tú?
—Más tranquila. Más… correcta.
—“Correcta” suena aburrido.
—Suena segura.
—Rusa, estoy cansada de “segura”.
—Y yo estoy cansada de recoger los pedazos cuando decides improvisar.
—¡Pero improvisar es vivir!
—Improvisar es el motivo por el que luego te quedas despierta a las tres de la mañana pensando “¿por qué dije eso?”.
—Bueno… eso también es verdad.
—¿Ves?
—Pero tampoco quiero vivir con miedo a decir o hacer algo raro.
—No es miedo. Es control.
—Suena igual.
—No lo es.
—Rusa…
—¿Qué?
—A veces siento que no me dejas ser yo.
—Yo solo intento protegerte.
—¿De qué?
—De la vergüenza. Del rechazo. De arrepentirte.
—Pero también me estás protegiendo de ser feliz.
—Eso es dramático.
—Tú empezaste.
—No, tú empezaste cuando dijiste “voy a ser completamente yo misma”.
—¿Y qué tiene de malo?
—Que el mundo no siempre es amable con eso.
—Pues entonces que el mundo se aguante un poco.
—Eres imposible.
—Y tú eres una controladora.
—Soy práctica.
—Eres una aguafiestas.
—Soy realista.
(Pausa)
—Rusa…
—¿Qué ahora?
—Si dejo de escucharte… ¿todo se vuelve un desastre?
—Probablemente.
—¿Y si solo te escucho a ti?
—Entonces todo será muy ordenado.
—¿Y aburrido?
—…un poco.
—Entonces hagamos un trato.
—No me gustan tus tratos.
—Tú me dejas ser un poco caótica…
—Y yo te aviso cuando el caos se vuelve incendio.
—Exacto.
—…
—¿Rusa?
—Está bien.
—¿En serio?
—Pero si empiezas a cantar en público otra vez, no me hago responsable.
—¡No prometo nada!

domingo, 5 de abril de 2026

La luz vuelve poco a poco

Por fin los días se alargan, o al menos así lo siento yo. La luz del sol se queda un poco más, y el atardecer llega más tarde, como si el tiempo me regalara unos minutos extra de claridad.
Hoy me siento esperanzada. Sé que tengo que cerrar etapas, y sé también que no será fácil. Habrá días duros, momentos en los que el recuerdo aparezca sin avisar: en cualquier rincón de la casa, en medio del día, en la noche o incluso en los sueños. Pero también sé que voy a poder con ello.
¿Para qué seguir sufriendo por alguien que ya no te quiere? Esa pregunta me acompaña últimamente, recordándome que merezco algo más que aferrarme a un amor que se rompió.
No será rápido ni sencillo. Los recuerdos siguen ahí, latiendo en muchos momentos. Pero confío en que llegará el día en que ese dolor se vuelva más suave, más lejano, hasta dejar espacio a la calma.
Sé que algún día superaré este amor roto. Y sé que puedo volver a ser feliz.
Ahora mismo no quiero estar con nadie. Solo conmigo y con mi vida. Necesito ese espacio, esa paz. No quiero enamorarme de nuevo; lo pido casi como una plegaria. Amar me ha dolido demasiado, y no quiero repetir la misma historia.
No sé qué me deparará el futuro. Pero sí sé lo que deseo: que esté lleno de amor.
De amor hacia mí misma.
#lachicadeltren ✨

sábado, 4 de abril de 2026

Pequeños momentos que lo cambian todo.

El mar suena distinto cuando una se permite parar.
Hoy no hay prisa.
Estoy en la playa, vestida, tumbada sobre las piedras, dejando que el sol me encuentre. Cierro los ojos y siento ese calor suave en la cara, como si el día me estuviera abrazando sin decir nada.
El ruido del mar va y viene, constante, profundo.
Y por dentro todo empieza a calmarse también.
No siempre llega esta paz.
A veces la mente corre demasiado, a veces el mundo pesa más de la cuenta. Pero hoy no.
Hoy solo estoy aquí.
Respirando, escuchando, sintiendo el sol.
Pequeños instantes que no cambian el mundo…
pero sí cambian el día.
Gracias, Rusa, por estas treguas que saben a mar y a luz.

jueves, 2 de abril de 2026

La llamada paz interior

Cada amanecer trae consigo una promesa silenciosa: la oportunidad de empezar de nuevo. La vida, con sus vueltas y sombras, nos invita a soltar lo que ya no nos sirve y a abrir espacio para la serenidad.
La paz interior no se encuentra en la perfección ni en controlar cada momento, sino en aceptar lo que somos y lo que sentimos, en dejar que cada emoción fluya sin resistencia. Es aprender a caminar con suavidad dentro de nosotros mismos, abrazando la calma incluso en medio del ruido del mundo.
Cada día es un lienzo en blanco, un susurro que nos recuerda que siempre podemos elegir de nuevo. Podemos llenarlo de comprensión, de perdón y de amor hacia nosotros mismos. Podemos permitir que la luz vuelva a entrar, disipando los ecos del pasado y las sombras de la duda.
Hoy, simplemente respira, mira hacia dentro y recuerda: cada día es un nuevo comienzo. La paz que buscas siempre ha estado allí, esperando que te permitas encontrarla.

miércoles, 1 de abril de 2026

LAS EMOCIONES ✨23 Marzo 2021 - Dedicado a Pablito, un ángel venido a darme su mano.

- Hay tantas variedades de emociones.
- Se pueden comparar como una paleta de colores, interpretándolas a una misma, tan diferente.
Es como un lienzo en blanco para algunos o un lienzo coloreado, un cuadro donde cada uno puede ver o interpretar cosas diferentes.
- En mi caso soy una persona muy sentido, donde puedo sentir tantas cosas a la vez... La sensibilidad de una palabra, el silencio, un paisaje, la música,...
- Para mí las emociones significan mucho y eso muchas veces ya no sé si es bueno o malo.
Soy muy simple, me agradan la sencillez y simplicidad de las cosas. Ahí es donde suelo expresar mis verdaderas emociones,... Un atardecer, el sol, la tranquilidad interior, la paz, unas notas musicales,...
- Observar el cielo, sentir las olas delar, el calor de la piel del sol.
- Por mi enfermedad, que es una montaña rusa de la que creía que había aprendido mucho en lo que he querido y dedicado mucho durante los últimos 4 años, me he dado cuenta de que me queda mucho por aprender en el camino.
- Estoy harta y cansada de esta montaña rusa que no me deja ser yo. Necesito y quiero estar bien, disfrutar de la vida que tanto aprecio y agradezco cada día que vivo.
- Soy tan sensible, lloro, respiro,... Y miro y observo con calma, inspiro,...expiró; una y otra vez.
Quiero estar bien , lo necesito. Tanto por mi como por mi familia y por los que amo y me quieren. Me levanto mirando el sol, mi fuerza de energía...y me acuesto con ese cielo estrellado y diciéndole buenas noches a la luna.
-Me encanta reír, bailar bajo la luna, sentir amar, PODER SER YO.



Rusa, el arte de atormentarme

Hay personas que alteran tu paz con ruido, con discusiones, con gritos.
Rusa no.
Rusa lo hace en silencio.
Tiene una manera casi cruel de aparecer en mis pensamientos como una espina diminuta que no logro sacar. No grita, no provoca escenas… simplemente está ahí, con esa calma que me desarma mientras yo por dentro me lleno de tormentas.
A veces me pregunto si se da cuenta de lo que hace.
Si sabe que una sola frase suya puede arruinarme una tarde entera.
Que una mirada suya puede dejarme pensando durante horas, reconstruyendo cada gesto como si fuera un misterio imposible de resolver.
Lo peor no es la molestia.
Lo peor es la obsesión.
Porque intento apartarla de mi cabeza, pero vuelve.
Como un eco.
Como una canción que no querías escuchar pero que no deja de repetirse.
Y entonces aparece otra vez, con esa tranquilidad casi insoportable, como si nada de todo esto existiera. Como si no supiera que mientras ella camina ligera, yo cargo con el peso de cada palabra no dicha.
Eso es lo que me atormenta.
No es que Rusa me saque de quicio.
Es que tiene la extraña capacidad de desordenar mi mundo…
y luego marcharse como si no hubiera tocado nada.

Te dije que dolía

Rusa:
Te dije que dolía.
Yo:
Lo sé.
(La espina entra.)
Rusa:
Mira… sangras.
Yo:
Sí.
Pero lo que más duele…
es que siempre eres tú.

“No todas las espinas se clavan en la piel… algunas aprenden primero el camino al corazón.” 🌹