Hubo un tiempo en el que pensé que la paz era no sentir.
Cerrar puertas. Apagar emociones. Sobrevivir.
Pero no.
La paz no llegó cuando dejé de llorar.
Llegó el día en que dejé de pelearme conmigo.
Me rompí en silencio.
Nadie vio cómo me reconstruía por dentro, pieza a pieza, con manos temblorosas y una fe pequeña.
Aprendí que sanar no es olvidar,
es recordar sin que duela igual.
Hubo noches largas, de esas en las que el alma pesa más que el cuerpo.
No sabía quién era ni hacia dónde iba.
Y aun así, algo en mí seguía respirando.
Volver a nacer no fue un acto grandioso.
Fue elegir quedarme.
Escuchar mi voz cuando todo era ruido.
Decirme “aquí estoy” cuando más lo necesitaba.
No soy la misma que antes.
Soy más lenta, más consciente, más real.
Tengo cicatrices, sí, pero también una luz nueva:
esa que solo aparece después de haberte roto… y haberte elegido.
Y si esto es volver a nacer,
entonces sí:
volvería a atravesarlo todo para encontrarme aquí.
#lachicadeltren
No hay comentarios:
Publicar un comentario