martes, 19 de mayo de 2026

Convertidos en silencio

A veces cierro los ojos y vuelvo allí.
Puedo sentir tus brazos rodeándome, el calor de tu piel, el sonido del mar delante de nosotros y esa calma absurda de creer que nada malo iba a pasar. Yo te miraba como se miran las cosas que uno piensa que serán para siempre.
Y míranos ahora.
Convertidos en distancia.
En silencio.
En recuerdos que solo me hacen daño.
No sabes cuánto te extraño.
Hay días en los que consigo distraerme un rato, pero siempre vuelves. Vuelves en los atardeceres, en las canciones lentas, en las noches donde todo pesa demasiado. Y entonces entiendo que perderte no fue solo perder a una persona… fue perder la única vida en la que realmente me sentía en casa.
Lo peor es que aún puedo sentirte conmigo algunas veces.
Como si una parte de mí se hubiera quedado atrapada en aquel instante, abrazándote fuerte, sin imaginar que estaba viviendo uno de los últimos momentos felices de mi vida.
Ojalá hubiera sabido que eras tú mientras todavía te tenía.
Ojalá hubiera abrazado más fuerte.
Ojalá el amor hubiera bastado.
Pero no bastó.
Y desde que te fuiste, hay algo dentro de mí que ya no volvió nunca más.

domingo, 17 de mayo de 2026

Un poco de locura

“Aquí estoy yo… " despeinando normas, sacándole la lengua a lo aburrido y llegando tarde a las expectativas de los demás.
Con cara de inocente y una mente que siempre va un paso por delante.
Porque la vida ya es demasiado seria como para no reírse un poco, provocar un poco y brillar muchísimo.

viernes, 15 de mayo de 2026

La luz vuelve poco a poco

Por fin los días se alargan, o al menos así lo siento yo. La luz del sol se queda un poco más, y el atardecer llega más tarde, como si el tiempo me regalara unos minutos extra de claridad.

Hoy me siento esperanzada. Sé que tengo que cerrar etapas, y sé también que no será fácil. Habrá días duros, momentos en los que el recuerdo aparezca sin avisar: en cualquier rincón de la casa, en medio del día, en la noche o incluso en los sueños. Pero también sé que voy a poder con ello.

¿Para qué seguir sufriendo por alguien que ya no te quiere? Esa pregunta me acompaña últimamente, recordándome que merezco algo más que aferrarme a un amor que se rompió.

No será rápido ni sencillo. Los recuerdos siguen ahí, latiendo en muchos momentos. Pero confío en que llegará el día en que ese dolor se vuelva más suave, más lejano, hasta dejar espacio a la calma.

Sé que algún día superaré este amor roto. Y sé que puedo volver a ser feliz.

Ahora mismo no quiero estar con nadie. Solo conmigo y con mi vida. Necesito ese espacio, esa paz. No quiero enamorarme de nuevo; lo pido casi como una plegaria. Amar me ha dolido demasiado, y no quiero repetir la misma historia.

No sé qué me deparará el futuro. Pero sí sé lo que deseo: que esté lleno de amor.

De amor hacia mí misma.

#lachicadeltren ✨

sábado, 9 de mayo de 2026

No necesito creerle todo...

“Hoy Rusa está hablando muy alto. No necesito creerle todo.”
Rusa: “Mañana es tu cumpleaños y esa persona no está. Se acabó.”
Tú: “Sí… se nota demasiado. Es como un hueco que no se calla.”
Rusa: “Y te vas a sentir así todo el día, sin escapatoria.”
Tú: “Ahora mismo lo creo. Me cuesta imaginar otra cosa.”
Rusa: “No te apetece nadie. Ni mensajes, ni gente, ni felicitaciones.”
Tú: “No me apetece nada. Todo me pesa.”
Rusa: “Entonces estás sola de verdad.”
Tú: “Me siento sola. No sé si es verdad o si solo lo estoy viviendo así.”
Rusa: “Da igual lo que digan. Nada te va a llenar.”
Tú: “Ahora mismo nada me llena. Solo noto el vacío.”
Rusa: “No tiene sentido intentarlo.”
Tú: “No veo sentido hoy. Solo estoy pasando el cumpleaños sin que aún lo sea.”
Rusa: “Te vas a dar cuenta de que nada cambia. Ni hoy ni mañana.”
Tú: “Ahora mismo no veo cambios. Solo continuidad del vacío.”
Rusa: “Otro cumpleaños que termina igual de vacío como empezó.”
Tú: “Sí… y estoy cansada de sentirlo todo tan fuerte, Rusa no me ayudas”

¿Qué deseo pido este cumpleaños?

 Yo:

Rusa… ¿qué deseo pido este cumpleaños?

Rusa:

Uno que no dependa de que alguien vuelva.

Yo:

Entonces no sé qué pedir…

Rusa:

Pide paz. De esa que no desaparece cuando alguien guarda silencio.

Yo:

Suena triste…

Rusa:

No. Suena a empezar a elegirte.

Yo:

¿Y si en el fondo lo que quiero es amor?

Rusa:

Entonces pide un amor que te encuentre sin confundirte. Que se quede sin hacerte dudar de tu valor.

Yo:

¿Y si sigo pensando en esa persona cuando apague las velas?

Rusa:

Pensarla no arruina el deseo. Solo significa que todavía hay algo en ti intentando despedirse… o entender.

Yo:

¿Tú qué pedirías para mí?

Rusa:

Que vuelvas a mirarte con ternura.

Que no reduzcas tu luz por sentir demasiado.

Y que el próximo año de tu vida te acerque más a quien te da calma, no ansiedad.

Yo:

Creo que quiero dejar de sentir este vacío.

Rusa:

Entonces pide volver a sentirte completa contigo, incluso antes de que llegue alguien más.

Yo:

…quizá ese sí sea un buen deseo.

Rusa:

Los mejores deseos son los que te devuelven a ti.



viernes, 1 de mayo de 2026

La familia que me tocó


—Rusa… ¿por qué duele tanto aceptar a la familia que me ha tocado?
—Porque no elegiste el lugar donde naciste, pero sí sientes cada gesto como si llevara tu nombre escrito. Y cuando quienes deberían cuidarte te hieren, la tristeza se vuelve más profunda que cualquier otra.
—A veces siento que una mitad de mi familia me quiere… y la otra disfruta haciéndome daño. Critican todo, me juzgan, hablan de mí como si yo no valiera nada.
—Eso desgasta el alma. No porque tengan razón, sino porque el corazón humano siempre espera amor de los suyos. Incluso cuando aprende a defenderse, sigue deseando ser abrazado.
—Me pregunto qué hice mal para merecer esto.
—Nada. Las personas crueles necesitan descargar sus sombras sobre alguien. Y muchas veces escogen a quien es más sensible, más noble o más distinto. No porque seas débil, sino porque no te pareces a ellos.
—Pero me siento cansada, Rusa. Muy cansada.
—Claro que sí. Llevar años intentando agradar a quienes nunca estarán satisfechos deja agotamiento. Es como golpear una puerta que jamás quiso abrirse.
—Lo peor es cuando intentan hacerme sentir culpable por alejarme.
—Porque algunas familias confunden amor con control. Creen que compartir sangre les da derecho a romper tu paz. Pero no toda distancia es maldad. A veces alejarse es supervivencia emocional.
—¿Y si me convierto en alguien fría?
—No te volverás fría por protegerte. El hielo aparece cuando una persona deja de sentir. Tú sigues sintiendo demasiado. Lo que necesitas no es endurecerte, sino aprender a poner límites sin dejar de ser tú.
—Me da pena reconocer que algunos de ellos son malos conmigo.
—Nombrar una herida no te convierte en cruel. Fingir que no existe solo hace que sangre más despacio.
—A veces miro otras familias y siento envidia.
—Porque anhelas tranquilidad. No perfección. Solo un lugar donde no tengas que estar siempre defendiéndote.
—¿Crees que algún día dejará de doler?
—No desaparecerá del todo. Pero llegará un momento en que sus palabras ya no definirán tu valor. Y entonces entenderás algo importante: la familia verdadera no siempre coincide con la biológica. A veces se construye con las personas que te miran con ternura, respeto y lealtad.
—Quisiera dejar de sentirme rota.
—No estás rota. Estás herida. Y las heridas pueden cerrar cuando dejan de tocarse todos los días.
—¿Sabes qué me da miedo?
—¿Qué?
—Que nunca me quieran de verdad.
—Escúchame bien. Que ellos no sepan amarte no significa que no seas digna de amor. Solo significa que algunas personas nacen incapaces de ofrecer lo que otros necesitan.
—Entonces… ¿no soy el problema?
—No. El problema es crecer entre personas que te hicieron dudar de tu luz.
—Ojalá pudiera abrazar a mi niña interior.
—Hazlo. Ella todavía vive dentro de ti esperando escuchar algo sencillo: “No merecías tanta dureza”.
—Gracias, Rusa.
—Siempre. Y no olvides esto: sobrevivir en un entorno que intenta apagarte ya es una forma de valentía.