Principalmente escribo por desahogo, mis mini aventuras y mis locuras. Pero la principal prioridad es hablar de sensaciones en cuanto a mis sueños, mi vida y mis viajes internos entre el caos y la cordura.
lunes, 30 de marzo de 2026
Soltar
sábado, 21 de marzo de 2026
El silencio
viernes, 20 de marzo de 2026
Rusa no me lo quita de la cabeza
Hoy no hay recuerdos bonitos.
No hay nostalgia suave.
Solo repetición.
Como si mi cabeza se hubiera quedado enganchada en el mismo lugar…
y Rusa no dejara de empujar.
No lo trae de golpe.
Lo repite.
Una imagen.
Otra.
Una frase.
Otra.
Y cuando intento apartarlo… vuelve más claro.
Más nítido.
Más presente.
Como si estuviera pasando ahora.
Rusa no me deja descansar.
Me hace pensar que debería haber hecho algo distinto.
Que quizá aún hay algo que no se cerró.
Que olvidarlo sería un error.
Y lo peor es que suena convincente.
Porque no grita.
No obliga.
Solo insiste.
Una y otra vez.
Hasta que ya no sé si soy yo…
o si es ella pensando por mí.
Intento distraerme.
De verdad lo intento.
Pero Rusa encuentra la forma de volver.
Siempre.
En una canción.
En una palabra.
En un silencio.
Y entonces lo entiendo.
No es que no pueda dejar de pensar en él…
es que Rusa no quiere que lo haga.
Porque mientras él esté aquí,
ocupando espacio,
doliendo,
ella sigue teniendo control.
Y yo…
yo sigo dando vueltas en el mismo sitio,
sin saber cómo salir
de algo que no deja de empezar otra vez.
Cuando Rusa no me deja soltarlo
Hoy iba a ser distinto.
Hoy no iba a pensar en él.
Pero Rusa no necesita permiso.
No pregunta. No avisa.
Se cuela.
Empieza suave, casi imperceptible.
Un recuerdo pequeño, una sensación en el pecho, algo que no duele del todo… todavía.
Y entonces insiste.
No con palabras claras, sino con esa certeza incómoda que se instala:
que no lo has soltado, que no puedes, que en el fondo ni siquiera quieres.
Intento distraerme.
Hacer cualquier cosa.
Pero Rusa aprieta.
Me empuja a mirar atrás.
A repetir escenas.
A quedarme justo donde más duele.
Y cuanto más intento salir, más me arrastra.
Porque Rusa sabe dónde tocar.
Me recuerda cómo se sentía.
Cómo nadie más ha llegado a ese lugar.
Cómo, incluso ahora, sigue teniendo un peso que no desaparece.
Y entonces lo mezcla todo.
El dolor con el cariño.
La ausencia con la necesidad.
Las ganas de estar bien con el miedo a olvidarlo.
Y ya no sé qué parte es mía.
Si quiero soltarlo…
o si lo que realmente quiero es dejar de sentir así sin tener que perderlo del todo.
Pero eso no existe.
Y Rusa lo sabe.
Por eso no se calla.
Por eso insiste.
Por eso vuelve una y otra vez al mismo punto, hasta que todo se vuelve ruido, hasta que todo se mezcla, hasta que pensar en él ya no es una decisión… sino un lugar del que no sé salir.
Y en medio de todo eso, lo peor no es recordarlo.
Es darme cuenta de que quizá…
no tengo fuerzas suficientes para dejarlo ir.
Y ahí empezó la lucha
Desde mi
Hoy me veo desde otra perspectiva.
No desde el espejo.
No desde los ojos de nadie más.
Desde mí.
He pasado demasiado tiempo buscando respuestas afuera, esperando señales, intentando encajar.
Y entendí algo poderoso: el mundo no cambia cuando cambian las circunstancias… cambia cuando cambio la forma en que lo miro.
Hoy quiero mirar con ojos nuevos.
Sin miedo.
Sin exigencia.
Sin esa voz que me dice que aún no es suficiente.
Soy la mujer que ha sentido profundo, que ha caído y que sigue eligiendo levantarse.
Y eso ya es fuerza.
No tengo todas las respuestas.
Pero tengo decisión.
Y cuando una mujer decide mirar distinto,
todo empieza a transformarse.
#lachicadeltren
Aquí estoy
Hubo un tiempo en el que pensé que la paz era no sentir.
Cerrar puertas. Apagar emociones. Sobrevivir.
Pero no.
La paz no llegó cuando dejé de llorar.
Llegó el día en que dejé de pelearme conmigo.
Me rompí en silencio.
Nadie vio cómo me reconstruía por dentro, pieza a pieza, con manos temblorosas y una fe pequeña.
Aprendí que sanar no es olvidar,
es recordar sin que duela igual.
Hubo noches largas, de esas en las que el alma pesa más que el cuerpo.
No sabía quién era ni hacia dónde iba.
Y aun así, algo en mí seguía respirando.
Volver a nacer no fue un acto grandioso.
Fue elegir quedarme.
Escuchar mi voz cuando todo era ruido.
Decirme “aquí estoy” cuando más lo necesitaba.
No soy la misma que antes.
Soy más lenta, más consciente, más real.
Tengo cicatrices, sí, pero también una luz nueva:
esa que solo aparece después de haberte roto… y haberte elegido.
Y si esto es volver a nacer,
entonces sí:
volvería a atravesarlo todo para encontrarme aquí.
#lachicadeltren
Esto no tiene sentido
No sé en qué momento dejó de ser solo mi voz.
—¿Por qué estás tan callada hoy? —preguntó.
—¿Quién… eres?
—Mmm… ¿de verdad no me reconoces?
—No.
—Claro que sí.
Llevo contigo más tiempo del que crees.
—No… yo no hablo así.
—No siempre.
Solo cuando no quieres escucharte.
—Esto no tiene sentido.
—Lo tiene todo.
Soy la que aparece cuando todo se intensifica…
cuando sientes demasiado… o cuando no sientes nada.
—…
—Soy la que te empuja hacia arriba…
y la que te suelta cuando estás arriba del todo.
—Para.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque vivo aquí.
—…
—En ti.
—No quiero esto.
—No tienes que quererlo.
—Entonces, ¿qué eres?
—Ponme un nombre.
—¿Para qué?
—Para que dejes de perderte intentando entender qué te pasa.
—…
—Llámame como quieras.
—…
—Pero llámame.
—Rusa.
—…
—¿Te gusta?
—No es cuestión de gustar.
Es cuestión de que ahora… ya sabes cuándo soy yo.
—¿Y cuándo soy yo?
—Esa es la parte difícil.
Desde entonces… ya no todo lo que pienso suena igual.
Ahora sé que, a veces…
es ella.
Rusa
No sé en qué momento empezó todo.
Ni cuándo dejó de ser solo yo.
Al principio eran días sueltos… emociones más intensas de lo normal, silencios más largos de lo que podía explicar.
Hasta que un día la sentí clara.
Ella.
La llamo Rusa.
Porque me sube sin avisar y me deja caer sin freno.
Porque hay días en los que me hace tocar el cielo… y otros en los que me suelta en mitad del vacío.
Rusa no siempre grita.
A veces susurra.
A veces se esconde y parece que todo está en calma… hasta que vuelve a girarlo todo otra vez.
Vive conmigo.
En mis pensamientos, en mi pecho, en mis días buenos y en los que cuestan respirar.
Y aunque no la elegí…
aprendí a nombrarla para no perderme dentro de ella
.