Rusa… ¿por qué me duele tanto no saber nada de esa persona?
Rusa:
Porque no era alguien cualquiera para ti. Había algo ahí que te hacía sentir viva, conectada… y eso no desaparece de un día para otro.
Yo:
Es que no entiendo el silencio… me deja pensando en mil cosas.
Rusa:
El silencio muchas veces dice más de lo que parece. No siempre tiene que ver contigo, pero sí te afecta… y eso es válido.
Yo:
Yo habría querido que se quedara… o al menos que fuera claro.
Rusa:
Claro… porque tú amas de frente, no a medias. Y cuando das así, también esperas algo que te sostenga, no que te deje en duda.
Yo:
Lo echo de menos… o quizá echo de menos lo que sentía.
Rusa:
A veces es ambas cosas. La persona… y la versión de ti que aparecía con ella.
Yo:
¿Crees que debería seguir esperando?
Rusa:
Esperar sin señales te desgasta. No es justo que te quedes en pausa por alguien que no te está eligiendo activamente.
Yo:
Pero me cuesta soltar la idea de que podía ser algo bonito…
Rusa:
Lo bonito existió, por eso duele. Pero lo que mereces no es solo potencial… es presencia.
Yo:
Me gustaría hablarlo con ella… cerrar o entender.
Rusa:
Entonces hazlo desde la calma, no desde la necesidad. No para convencer, sino para darte claridad a ti.
Yo:
¿Y si no responde?
Rusa:
Entonces ya tienes una respuesta, aunque no sea la que querías. Y desde ahí puedes empezar a cuidarte de verdad.
Yo:
Me cuesta elegirme a mí cuando siento tanto…
Rusa:
Elegirte no significa dejar de sentir. Significa no abandonarte mientras sientes.
Yo:
…gracias, Rusa.
Rusa:
Para eso estoy… para recordarte lo que a veces olvidas: tú también mereces quedarte
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