domingo, 12 de abril de 2026

Cuando Rusa me da tregua

Hay momentos en los que todo dentro de mí se aquieta.
No siempre ocurre. Hay días en los que mi mente corre demasiado rápido, como si llevara una tormenta pequeña viviendo entre mis pensamientos. Pero a veces… Rusa me da tregua.
Entonces salgo.
Camino despacio por el jardín, sintiendo el sol sobre la piel y el aire moviendo el vestido como si quisiera recordarme que sigo aquí. Me gusta ese instante en el que no tengo que luchar con nada. No tengo que ordenar pensamientos ni domesticar emociones. Solo respiro.
En esos momentos me escucho de verdad.
No la voz que habla con el mundo, ni la que responde mensajes o sonríe educadamente. Escucho esa voz más suave, más escondida. La que vive en mi interior y que casi siempre habla en susurros.
Esa voz que me recuerda quién soy cuando dejo de intentar ser todo para todos.
Bajo el árbol, con la luz cayendo entre las ramas, siento algo parecido a la paz. No una paz perfecta ni eterna, sino una tregua pequeña y valiosa. Como si mi mente me dijera: descansa un momento, puedes bajar la guardia.
Y en ese descanso aparece mi parte más verdadera.
La que observa.
La que siente profundamente.
La que aún cree en la belleza de las cosas simples.
Quizá por eso necesito estos momentos. Porque cuando Rusa se calla un poco… vuelvo a encontrarme conmigo. 🌿

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