jueves, 23 de abril de 2026

No quiero ser salvada

Hoy estoy apagada de una forma difícil de explicar.
No es solo cansancio. No es solo un mal día. Es como si algo dentro de mí hubiera bajado la voz hasta casi desaparecer. Como si mi interior, ese lugar donde antes todo se movía con vida, se hubiera quedado mirando hacia otro lado.
Camino por dentro como quien recorre una casa conocida a oscuras, sin encender las luces para no molestar lo que duerme. Todo está ahí… pero no responde. Ni la alegría, ni la ilusión, ni siquiera la tristeza llegan del todo. Solo una especie de vacío suave, constante, que no duele de forma exacta, pero pesa.
Y lo más extraño es esto: sigo siendo yo, pero no me siento conmigo.
Hay momentos en los que intento alcanzarme, como quien estira la mano hacia algo que flota un poco más lejos de lo que debería. Pero no llego. Y entonces me quedo quieta, aceptando esta distancia interna que hoy no sé cómo cruzar.
No quiero ser salvada. No quiero explicaciones rápidas. Solo necesito entender este silencio que se ha instalado en mí sin pedir permiso.
Porque incluso el alma, a veces, se cansa de sostenerlo todo.
Y hoy… la mía está en pausa.

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