miércoles, 1 de abril de 2026

Rusa, el arte de atormentarme

Hay personas que alteran tu paz con ruido, con discusiones, con gritos.
Rusa no.
Rusa lo hace en silencio.
Tiene una manera casi cruel de aparecer en mis pensamientos como una espina diminuta que no logro sacar. No grita, no provoca escenas… simplemente está ahí, con esa calma que me desarma mientras yo por dentro me lleno de tormentas.
A veces me pregunto si se da cuenta de lo que hace.
Si sabe que una sola frase suya puede arruinarme una tarde entera.
Que una mirada suya puede dejarme pensando durante horas, reconstruyendo cada gesto como si fuera un misterio imposible de resolver.
Lo peor no es la molestia.
Lo peor es la obsesión.
Porque intento apartarla de mi cabeza, pero vuelve.
Como un eco.
Como una canción que no querías escuchar pero que no deja de repetirse.
Y entonces aparece otra vez, con esa tranquilidad casi insoportable, como si nada de todo esto existiera. Como si no supiera que mientras ella camina ligera, yo cargo con el peso de cada palabra no dicha.
Eso es lo que me atormenta.
No es que Rusa me saque de quicio.
Es que tiene la extraña capacidad de desordenar mi mundo…
y luego marcharse como si no hubiera tocado nada.

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