Sonreía cuando quería gritar.
Me quedaba cuando quería irme.
Callaba para no incomodar.
Y me fui dejando… poco a poco.
Hasta que un día me miré y no me reconocí.
No era débil.
Era una mujer agotada de sostener lo que no la sostenía.
Volver a elegirme no fue bonito.
Fue brutal.
Fue sentarme sola con mis pensamientos.
Fue admitir que acepté menos de lo que merecía.
Fue reconocer que confundí amor con miedo a estar sola.
Mi soledad me enfrentó.
Me quitó distracciones.
Me dejó frente a frente conmigo.
Y ahí empezó la lucha.
La lucha por no volver a abandonarme.
Desde ese día, aunque tiemble… me soy leal.
#lachicadeltren
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