A veces me pregunto cuántas veces puede romperse un corazón antes de aprender a protegerse. No lo sé. Lo único que sé es que el mío ya ha tenido que volver a levantarse demasiadas veces.
Cada vez que conozco a alguien me prometo que no voy a ilusionarme tan rápido. Me digo que esta vez iré despacio, que no voy a entregar tanto de mí desde el principio. Pero siempre termino haciendo lo mismo: creyendo, imaginando, construyendo futuros que nunca llegan. Y cuando todo acaba, siento que no solo pierdo a esa persona. También pierdo un poquito más de la versión de mí que todavía creía en el amor.
Lo peor no es una decepción. Lo peor es cuando ya son varias. Porque llega un momento en el que dejas de pensar que has tenido mala suerte y empiezas a preguntarte si hay algo en ti que hace que nadie quiera quedarse.
Sé que no debería pensar así. Sé que mi valor no depende de quién decide marcharse. Pero hay noches en las que la razón se queda muy lejos y solo escucho esa voz que me pregunta por qué nunca soy suficiente.
Me cansa empezar de cero. Me cansa volver a contar mi historia, volver a abrir mi corazón, volver a confiar. Me cansa ilusionarme para terminar recogiendo los pedazos otra vez. A veces siento que estoy atrapada en el mismo capítulo, solo que con protagonistas diferentes.
Y, aun así, hay una parte de mí que se resiste a rendirse. Es pequeña. Muy pequeña. Pero sigue ahí. Aunque esté llena de miedo, aunque dude de todo, aunque ya no sepa distinguir entre una promesa sincera y una ilusión pasajera.
No quiero convertirme en alguien incapaz de amar por culpa de quienes no supieron hacerlo conmigo. No quiero vivir desconfiando de todo el mundo. Pero tampoco quiero seguir rompiéndome cada vez que alguien decide irse.
Supongo que superar una decepción amorosa no es despertar un día y dejar de sentir. Supongo que es aceptar que hubo personas que no eran para mí, aunque yo hubiera dado todo por ellas. Supongo que también es aprender a dejar de culparme por finales que no dependían solo de mí.
No sé cuándo dejará de doler. No sé cuándo volveré a sentir ilusión sin miedo. Lo único que espero es que, cuando ese día llegue, mi corazón no haya olvidado cómo latir con esperanza.
Porque, aunque ahora me cueste creerlo, quiero pensar que todas estas despedidas no serán lo único que defina mi historia. Quiero creer que algún día miraré atrás y entenderé por qué ninguna de ellas era el lugar donde debía quedarme.
Mientras tanto, sigo aquí. Intentando convencerme de que haber amado mucho nunca fue mi error. Mi error fue pensar que tenía que conformarme con personas que nunca supieron cuidar todo lo que yo estaba dispuesta a ofrecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario